Inesperada Inmensidad
Hace algunas semanas tuve la oportunidad de ir al Nevado de Toluca, que por cierto, de nevado no tenía nada. Después de varias horas de carretera, unas cuantas horas mas arriesgando el vehículo en el que íbamos al subir tan forzada y rocosa pendiente en espiral para llegar a nuestro destino, varios incidentes y mucha hambre después, llegamos a este inesperadamente majestuoso lugar. Para ser sincera, en mi mente jamás imaginé la belleza que me esperaba y es que desde que vas llegando la vista por la ventana del carro te arranca un suspiro.
Cuando me dijeron que tenia que subir unos cuantos metros (kilómetros según yo) para disfrutar de la verdadera majestuosidad que ofrece el lugar, me desmotivé muchísimo. En primera porque nunca he sido una persona atlética, ni con buena condición física y que vergüenza si me desmayaba a mitad de camino o algo parecido. Motivada por mi entorno, decidí encaminarme hacia los famosos cráteres con toda la actitud positiva que podía y suplicándole a mis pulmones que no me dejaran morir en el intento. Después de los primeros cinco minutos de caminata y después de ver a todos los desertores regresar al punto de partida, subir aquellos kilómetros se convirtió en un reto personal. Cada paso que daba era un logro y una mini porra para mi misma. Gracias a mi pésima condición física, mis malas elecciones de outfit del dia, el cambio de altura y de presión atmosférica y mi tabique desviado tuve que tomar varios descansos, sin embargo, para sorpresa de muchos y especialmente para sorpresa mía, en ningún momento tuve el deseo de regresar y menos de rendirme. Fue en verdad una travesía difícil.
Cuando llegué a la cima, pude ver entre mareos el maravilloso paisaje que me estaba esperando. Estaba todo tan callado y hermoso que sentí como si lo que estaban viendo mis ojos me diera una palmadita reconfortante en la espalda y me hizo sentir que valieron la pena el sudor y el cansancio.
Después de estar unos diez minutos contemplando el paisaje, me di cuenta de lo inmenso que es todo lo que me rodea y de lo diminuta que soy yo (aún tomando en cuenta mi 1.78 de altura). Desde el spot que encontré para disfrutar mi momento de victoria podia ver a lo lejos a unas cuantas personas, obviamente mas aventureras que yo, decididas a llegar lo mas lejos posible y desde mi privilegiado lugar, no podía distinguir mas que un montón de puntitos moviéndose empeñados hacia su meta. En ese momento, me di cuenta del lugar que tengo en el planeta. Entre todos los seres humanos que compartimos la Tierra, yo soy solo uno de esos puntitos y mis sueños y esperanzas de cambiar al mundo son iguales que yo, diminutos. Sin embargo, también entendí que entre toda la inmensidad que me estaba rodeando en ese momento había personas igual de cansadas y sudadas que yo y quizá, algunas de ellas con mis mismos sueños y esperanzas.
Finalmente mi travesía terminó con un profundo sentimiento de agradecimiento, con la naturaleza por haberle regalado a mis ojos tan hermoso paisaje, con la vida que me puso en ese momento y en ese lugar, con mis pulmones por no defraudarme, con la persona con quien compartí esta experiencia y sus continuas porras y motivaciones, con el amor que me acompaña a donde voy, pero sobre todo conmigo misma por haberme permitido llegar hasta la cima sin una gota de rendición ni arrepentimiento.
Les comparto esta foto, esperando que les arranquen al menos un suspiro.
Cansada pero motivada,
La Mexican Curious

Comentarios
Publicar un comentario